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Los invitamos a leer la maravillosa homilía de Fray Juan David Correa, en la Misa de miércoles de ceniza en la Santoto Villavo

 ¿Qué vemos en la ceniza? Polvo. Gris. Sequedad. Es lo que muchos ven hoy: el final de algo, un recordatorio de que somos mortales, de que las cosas se acaban. Parece algo triste. Para muchos, este gesto suena como un “¡ponte serio, que la vida es dura!”. Y sí, el mensaje "Polvo eres y en polvo te convertirás" nos recuerda que somos humanos, que no somos invencibles, que hay cosas que no podemos controlar.

Y ahora miren esto. (Levanto la suculenta). Verde, carnosa, llena de savia, llena de vida. Una planta que respira vida, que almacena agua, que aguanta lo imposible.

Estos dos elementos son el resumen de lo que empezamos hoy. La Ceniza nos recuerda que somos polvo, finitos, caducos, frágiles, con fecha de vencimiento; pero no significa un punto final, sino más bien un punto y aparta…porque no es el final de un comino, sino el inicio de un viaje, un viaje hacia la vida, que es lo que representa la suculenta. Y entonces eso significa que Cuaresma es un viaje del polvo de la ceniza a la vida de la suculenta.

Y para entender este viaje, quiero regalarles una frase que me cambió la forma de ver la fe: "Todo santo tiene un pasado, y todo pecador tiene un futuro" (Oscar Wilde).
Fray Juan David Ospina Ospina O.P.

Vivimos en la era de los filtros de Instagram. Todos mostramos la foto perfecta, el momento feliz, el plato de comida bonito. Nadie muestra el berrinche, la nota baja, la discusión con los papás, o esa cosa fea que hicimos y que nadie sabe.

Y cuando pensamos en los santos, a veces los ponemos en ese pedestal de filtro perfecto. "Ellos sí eran santos de verdad, yo nunca voy a llegar a eso".

Pero aquí viene la primera verdad liberadora de la Cuaresma: Todo santo tiene un pasado.

San Pedro era un impulsivo que negó a Jesús por miedo. San Pablo persiguió y aprobó la muerte de los primeros cristianos, San Agustín tuvo un pasado de desenfreno y Santa Teresita del Niño Jesús luchó contra una sensibilidad enfermiza y el desánimo. Es decir, en algún momento de su vida, los santos sucumbieron ante su fragilidad. Sin embargo, hoy los vemos como santos porque no se quedaron ahí, sino que más bien supieron recorrer el camino desde la ceniza hasta convertirse en suculentas, capaces de resistir y sobrevivir a las tormentas.

Fray Juan David Ospina Ospina O.P. preside la eucaristía junto en el auditorio mayor
Fíjense bien en una suculenta. Las suculentas se enfrentan a tormentas y granizadas y su hoja se pueden romper, se pueden marcar, y quedan cicatrices, y esas cicatrices no desaparecen nunca. La planta no volverá a ser "perfecta" como recién salida del vivero. Pero la planta no se muere por eso. La cicatriz se endurece, se vuelve parte de su historia, parte de su carácter. Y la planta sigue creciendo.

San Pedro, San Pablo, San Agustín y Santa Teresa, ninguno de ellos se quedó atrapado en su pasado. ¿Qué hicieron? Aprendieron a vivir de la raíz. La suculenta no se estresa por la hoja rota; ella sabe que su fuerza está en la raíz, que sigue conectada a la tierra. El santo es el que aprende a decir: "Sí, eso hice. Sí, eso fui. Pero no soy esclavo de eso. Mi raíz está en Dios, y Él me sostiene".

Esta Cuaresma, el primer paso es aceptar nuestro pasado. No para agobiarnos con culpa, sino para entender que Dios no nos pide un historial limpio. Nos pide un corazón sincero. La ceniza que vamos a recibir no es un castigo por nuestro pasado; es la admisión de que, como la suculenta, hemos vivido tormentas, y aquí seguimos, gracias a la raíz que nos sostiene.

En esta Cuaresma, Dios no nos pide que escondamos nuestras cicatrices. No nos pide que finjamos que no tenemos pecados. Al contrario, te invita a reconocerlos. "Todo santo tiene un pasado" significa que no estamos solo, que nuestra lucha no nos descalifica ante Dios ni ante los hermanos. Celebrar el inicio de la Cuaresma es entender que la ceniza en tu frente no es un castigo por nuestro pasado, lo repito, ni es una medalla por nuestro esfuerzo, sino el reconocimiento de que necesitamos ser regados, cuidados y perdonados.
Fray Juan David Ospina Ospina O.P. bendice las batas
Muchos de nosotros quizás venimos hoy con un peso. Puede ser algo que hicimos, algo que dijimos, una oportunidad que dejamos pasar, una adicción, una relación tóxica, o simplemente esa voz interna que nos repite que ya la cagaron demasiado, que Dios debe estar harto de nosotros. Pero saben algo, qué afortunados somos de estar hoy aquí, porque celebrar la Cuaresma es celebrar una buena noticia, la noticia de que, así como todo santo tiene un pasado, así todo pecador tiene un futuro.

Y las suculentas son la imagen -por analogía- de lo que acontece en la vida del cristiano en especial en este tiempo de Cuaresma. Y es que las suculentas viven en los desiertos, en lugares donde parece que no hay esperanza, donde no llueve por meses. ¿Cómo sobreviven? Almacenando. Durante la buena temporada, cuando llueve, sus hojas carnosas se llenan, guardando agua para la sequía.
Y la Cuaresma es exactamente eso. Son nuestros 40 días en el desierto, sí, pero no para morir de sed. Son 40 días para almacenar.
  • Almacenar perdón: Estos 40 días de la Cuaresma son una invitación a almacenar el "agua" del sacramento de la confesión; agua que les va a dar vida cuando el calor de la culpa los quiera achicharrar.
  • Almacenar solidaridad: El ayuno y la limosna no son dietas ni donaciones aburridas. Son vaciarnos de nuestro egoísmo para llenarnos de los demás.
  • Almacenar oración: No se trata de solo rezos de memoria, sino conversaciones con Dios.
Fray Juan David Ospina Ospina O.P. junto con los altos directivos de la Universidad Santo Tomás
Queridos hermanos hay algo más que nos enseñan las suculentas y que nos revela el significado de la Cuaresma; y es que la suculenta, después de la sequía, cuando menos lo esperas, florece. De repente, de esa planta que parecía solo hojas verdes, sale un tallo con una flor preciosa.

Esa flor es tu futuro. Es lo que Dios va a sacar de ti si te dejas regar en esta Cuaresma. No importa lo que hayas hecho. El ladrón al lado de Jesús en la cruz tenía un pasado de delincuencia, y Jesús le dijo: "Hoy estarás conmigo en el paraíso".
Más aún, las suculentas tienen una capacidad increíble de regeneración. Si una hoja se cae y cae en tierra firme, con el tiempo, de esa sola hoja, pueden nacer nuevas raíces y una nueva planta. De lo que parecía una pérdida total, surge una vida nueva.
Eso es lo que Dios hace con nuestro pecado. Cuando le entregamos nuestra basura, nuestras hojas caídas, Él no las bota a la basura. Él las coloca en tierra fértil y nos dice: "Ahí hay futuro. De ahí puede nacer algo nuevo."

Queridos jóvenes, miren la ceniza que van a recibir. Está hecha de las palmas del año pasado, de los ramos que quemamos. Eso que fue bonito, que fue "domingo de ramos", hoy se convierte en polvo. Pero al recibir esta cruz de ceniza en la frente, no piensen solo en que son polvo, frágiles, finitos, sino más bien piensen en que como hijos de Dios, cada uno es una suculenta en el jardín de Dios. Y que como suculentas:
  1. No debemos temer a las cicatrices. Son las marcas de nuestras tormentas. Convirtámoslas en parte de nuestra historia de salvación.
  2. Preparémonos para la sequía. nuestro presente, con todo lo que nos falta, con nuestros pecados y luchas, no es un punto final. Es una hoja que puede echar raíces nuevas. Usemos estos 40 días para almacenar oración, perdón y buenas acciones.
  3. Creamos en nuestro futuro. Por muy fea o rota que estén nuestras hojas, en la tierra del amor de Dios, siempre hay espacio para una nueva raíz.
Fray Juan David Ospina Ospina O.P.
Queridos hermanos, Dios no está esperando a que seas perfecto para empezar a amarte. Él ya te ama. Está esperando a que le dejes espacio para que, en el polvo de tu vida, pueda plantar su jardín.

Recuerda y no olvides que la Cuaresma no es un castigo. Es para que recordemos de qué estamos hecho y hacia quién vamos. Estamos hechos del barro de la tierra, sí, pero con un soplo de Dios que nos hace eterno.

No vivamos esta Cuaresma con miedo. Vivámosla con esperanza. Dejemos que el jardinero divino pode lo que sobra, riegue lo que está seco y prepare la tierra de nuestro corazón. Porque después del desierto, siempre, siempre, llega la Pascua. Y después de la cruz, la vida nueva.

Prepárate. Almacena. Confía. Porque en el desierto de esta Cuaresma, Dios está preparando la flor más hermosa de tu vida. Amén.

Redacción
Fray Juan David Ospina Ospina O.P


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